La naranja

Mayra Labastida
Mayra Labastida
La naranja
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Me gusta pensar que el destino de todos se le parece mucho a un señor que vende jugos, uno de esos malhumorados que no disfrutan su trabajo por despertarse todos los días muy temprano.

Yo, soy aquella naranja que busca en el costal, sin mirarla, sin escogerla, soy una más del montón, que sirve para lo mismo.

Mi papel ante el destino es hacerle frente, quizá rodar en el piso, como en un intento de escape ante las manos torpes de aquel vendedor, así podría salvar el pellejo.

Si no, el día comenzará cortándome a la mitad, me exprimirá para sacar el jugo más importante, aquello que me hace vital.

Siento el poder de su fuerza actuando contra mí. Me aterra, me exprime una, me exprime dos, me exprime tres veces, me aplasta con toda la fuerza de sus brazos.

En cada apachurro me sorprende con su violencia, pareciera que el señor de los jugos siempre está molesto, es mi verdugo.

Me seca hasta dejarme con una delgada piel, la cáscara seca que me vestía, se despide y aleja hasta llegar a un bote de basura.

Ahora me escurro entre los bordes de su exprimidor, me he convertido en lo que él deseaba, un líquido viscoso que se esparce y estanca en un recipiente amorfo.

Soy la mezcla de otros que también han sido exprimidos, lacerados, adolecemos por él.

No se ha cansado de sacar lo último que nos queda y toma una gran coladera que usa para seguir filtrando hasta lo que no debe llevarse.

Me expone, me vende, me entrega al primer postor, aspiro solamente a ser bebida y me inspira la sed de unos.

El que ahora invierte unos pesos en beberme, se queja porque asegura que ya no le sirvo, incluso la naturaleza le ayuda, el sol se ha llevado mis propiedades, soy sólo azúcar en los cuerpos de quienes le compran.

Haberme salido del costal y vencer mi destino de naranja a jugo, quizá no hubiera cambiado mucho, escondida debajo del mostrador, igual olvidada me hubiera podrido.

Me gusta pensar que el destino se parece al vendedor de jugos, algunas veces logra su cometido, y lo mejor de mi les nutre a algunos.

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